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La poda del olivar

La poda del olivar es una de las tareas de mantenimiento del olivar que debe realizarse de forma bianual generalmente. A grandes rasgos, consiste en cortar las ramas más antiguas para rejuvenecer el olivar, aunque hay varios tipos de poda. Con la poda se puede conseguir estabilizar la producción, retrasar la muerte del olivar o ahorrar agua del suelo.<br /> El agrónomo romano Lucius Junius Moderatus dejó para la historia una frase bastante ilustrativa de esta técnica: “Quien ara el olivar, le pide fruto; quien lo abona se lo pide con insistencia; el que lo poda, le obliga a que se lo dé”.


La época de podar
La poda se debe realizar cuando la actividad vegetativa del olivar sea mínima, es decir cuando hay menos movimiento de savia en el árbol, en invierno generalmente. En zonas donde las temperaturas no son extremas, se debe realizar cuanto antes, entre diciembre y abril. Sin embargo, en zonas de sierra, como es el caso de Huelma, donde las heladas son frecuentes, se retrasa a febrero o marzo. Lo común es que los olivareros de esta zona poden sus olivos tras la recolección de la aceituna, evitando cortar en días de helada, para no dejar el olivo expuesto. En verano se realiza otro tipo de poda, en la que se eliminan los chupones, también llamados varetas.
Las ramas que se cortan, dependiendo de su tamaño, se destinan a leña, las más grandes, o se eliminan, las más pequeñas, triturándolas con un tractor o quemándolas. En Huelma y muchos otras partes de la provincia de Jaén se denomina quemar ramón a esta última acción.



Formación y herramientas
La poda es una técnica que requiere de formación y una extensa experiencia para su buen desarrollo. En el curso de poda se aportan conocimientos de las técnicas adecuadas en las distintas fases del olivar y dependiendo de la variedad y el terreno. Asimismo se habilita al agricultor para que tome las medidas de precaución necesarias en el manejo de las diferentes herramientas para evitar accidentes laborales.
Puesto que la poda depende de muchos factores como la variedad, el tipo de suelo, la disponibilidad de agua o la edad del olivar, será el agricultor el que valorará en cada caso cuándo es necesaria la poda y de qué forma.
Hace años la poda se realizaba con hachas y sierras que hacían de la poda un trabajo duro y muy laborioso. Actualmente se utilizan motosierras de diferente tipo y podadoras de altura que facilitan y agilizan el trabajo de la poda en el olivar.


Tipos de poda
El fin de la poda es lograr copas rejuvenecidas, con el volumen adaptado al medio, ventiladas para evitar plagas y enfermedades y extendidas, con superficies de hoja amplias y bien soleadas.
Hay tres tipos de podas: la de formación, cuando el árbol es joven, la de producción cuando es adulto y la de renovación cuando es centenario.
La de formación se realiza para conseguir árboles con formas cómodas para su manejo, especialmente cuando su recolección va a ser mecanizada y se va a realizar a través de una cosechadora, un paraguas o una vibro.
La poda de producción tiene como objetivo buscar la mejor iluminación de la copa y facilitar su recolección tal y como se ha hecho ya con la de formación. En este tipo de poda hay que mantener el equilibrio entre las ramas principales en cuanto a los volúmenes que se cortan y hay que evitar los aclareos excesivos.
Por último, la poda de renovación es la más complicada ya que hay que elegir bien la rama para eliminar la madera sobrante.


Arte del equilibrio
Según señala la Sociedad Española de Agricultura Ecológica: “la poda en el olivar es el arte del equilibrio. Equilibrio entre la naturaleza del árbol y la necesidad del olivarero; equilibrio entre la cantidad de hoja y la cantidad de madera; equilibrio entre la parte aérea, la copa, y la parte subterránea (la relación hoja/raíz) que es preciso mantener; equilibrio entre luz y sombra, la imprescindible iluminación para las hojas y el necesario sombreado de las ramas; equilibrio entre ventilación, conveniente para evitar plagas y enfermedades, y frondosidad –abundancia de hojas y tallos jóvenes productores; equilibrio entre las distintas ramas que conforman el esqueleto del árbol; equilibrio entre cosechas sucesivas (la poda debe colaborar a atenuar la vecería evitando cargas excesivas, mediante intervenciones en los años que se espera cosecha fuerte y no al revés, como es frecuente hacer); equilibrio entre precisión y economía, la poda no puede ser excesivamente costosa.
En definitiva, cada olivar tiene su punto y es el agricultor el que debe encontrárselo.



Información de Teresa Guzmán