S.C.A. San Isidro Labrador
"El viento los convierte en PLATA...
Y nosotros en ORO"
 

La incidencia del clima en el olivar

Las condiciones climáticas son uno de los factores que determinan el cultivo del olivar. De la misma forma lo serán el suelo, la disponibilidad de agua o los cuidados que se le realicen. A su vez, la climatología afectará de una manera u otra dependiendo del ciclo o fase en el que se encuentre el olivar, en reposo invernal, brotación, maduración., etc. Por esta razón es importante conocer estas fases.

El ciclo anual del olivo
El olivo, al igual que la mayoría de las plantas, pasa por diferentes ciclos durante un año, en los que interviene la temperatura, retrasándolos o adelantádolos. Sus diferentes estados se nombran con letras de la A a la J. A principios de año, es decir en los meses de invierno, se encuentra en reposo invernal (estado A), las yemas tienen un pedúnculo corto, son agudas y están cerradas. Con la primavera, que dependerá más de la temperatura que de la llegada formal de la estación, en zonas como Huelma será más tardía, se inicia la brotación (estado B). Las yemas inician su crecimiento formando brotes. Hay dos tipos de brotes, los vegetativos, que forman nuevos tallos con hojas y yemas, y los brotes de flor. Los brotes crecerán rápido en primavera, sufren una parada en verano y continúa en otoño. En el estado C, se forman los racimos florales. En el Estado D. se forma la corola primero y ésta cambia de color, de verde al amarillo claro. En el estado E se aprecian los estambre en la flor. La floración (estado F) se divide en dos fases, cuando las flores empiezan a abrirse y cuando están completamente abiertas, hasta el punto de que se puede apreciar el polen . La siguiente fase, (estado G), se produce cuando el fruto está cuajado, el ovario está fecundado por lo que va creciendo, pudiendo verse ya la aceituna cuajada. En la fase H, se endurece el hueso y el fruto va creciendo. La Fase I es el envero, en la que el fruto alcanza su tamaño definitivo. Y la última etapa, la J, la maduración del fruto.


El clima ideal para el olivar
El olivo es un cultivo asociado al clima mediterráneo, inviernos húmedos y no excesivamente fríos y los veranos secos y calurosos. Cada una de las fases o estados del olivar necesita unas condiciones climatológicas concretas, afectándole un calor o frío excesivo así como la ausencia o un exceso de lluvia. El olivar paraliza su actividad cuando las temperaturas son más bajas y más altas, en invierno y en verano, por eso, lo ideal es que las estaciones lleguen de forma progresiva para que el árbol se acondicione.


Los enemigos climáticos más peligrosos
Aunque pueda parecer un contrasentido, uno de los grandes enemigos del olivar es una humedad excesiva y permanente, ya que puede suponer el desarrollo de enfermedades como hongos que podrían provocar la caída de las flores durante la floración. Por el contrario, y a pesar de tratarse de un cultivo de secano, una larga sequía le perjudica gravemente, mermando la producción. Lo ideal es que reciba entre 250 y 500 mm anuales.
Con respecto a las temperaturas, el calor excesivo y vientos secos durante la floración puede ocasionar graves problemas. Las heladas intensas perjudican también al olivar, provocando que se quemen los brotes o los frutos se sequen y se caigan. Las heladas más peligrosas son las que se producen fuera del periodo de reposo vegetativo del olivar, es decir en primavera u otoño. La parte más resistente del olivar a las heladas son las raíces puesto que están protegidas por el suelo y la más sensible, las yemas.
El viento es otro de los enemigos del olivo ya que puede producir la rotura de ramas, la caída de las hojas, las flores o los frutos
El granizo provoca “heridas” en hojas, tallos y frutos por donde el olivo se puede infectar de hongos o bacterias de fierente tipo.
La nieve no tiene porqué perjudicar al olivo si cae en la época de reposo vegetativo y se derrite en poco tiempo. El problema vendría si nieva en primavera u otoño y si en lugar de derretirse se convierte en hielo.


La picual, una variedad resistente
La variedad picual, la que mayor presencia tiene en la provincia de Jaén, es muy resistente a las heladas y a la humedad, aunque no tanto a la sequía. Su época de floración es media, generalmente a partir de mayo y se considera autopolinizador, es decir que no necesita de otra variedad para polinizarse.



Información de Teresa Guzmán